El guía que conocía todos los restaurantes de su primo
Nos ofreció llevarnos al mejor restaurante local de la medina. Eran las cuatro de la tarde y llevábamos tres "mejores restaurantes" encima.
Nos ofreció llevarnos al mejor restaurante local de la medina. Eran las cuatro de la tarde y llevábamos tres "mejores restaurantes" encima.
El conductor llevaba veinte minutos hablando de un Buda de esmeralda "muy especial, solo hoy abierto". Cuando llegamos era una sastrería.
Pedí "vino tinto" con total confianza. Lo que llegó a la mesa no era tinto, ni era exactamente vino.
En menos de tres segundos el mono ya tenía mis gafas puestas y me miraba desde lo alto de la muralla como si fuera él el turista.
Nos invitaron a "un asadito del domingo". El lunes seguíamos ahí. El martes también.
Todas las máquinas de vending en Japón venden bebidas frías y calientes mezcladas. Elegí la lata roja porque el color me gustó. Llevaba tres horas con 36 grados.