El guía que conocía todos los restaurantes de su primo
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El guía que conocía todos los restaurantes de su primo

Ana·Marrakech, Marruecos·

Nos ofreció llevarnos al mejor restaurante local de la medina. Eran las cuatro de la tarde y llevábamos tres "mejores restaurantes" encima.

Era mi segundo día en Marrakech y quería comer algo que no fuera un menú turístico de treinta dirham con foto en la puerta. Un chico joven se ofreció a acompañarnos "sin interés" a un sitio donde comen los locales. Aceptamos encantadas.

El primer sitio estaba cerrado, pero no importaba porque su primo tenía un restaurante a tres minutos que era aún mejor. Comimos bien. Luego quiso llevarnos a ver las tenerías. Por el camino, otro primo. Otro restaurante. Té de menta y alfombras. A las cuatro de la tarde llevábamos tres comidas, dos tés y una conversación muy larga con un vendedor que juraba que la lana era de camello.

Acabamos comprando una alfombra que no queríamos porque llevar cuarenta minutos enseñándonosla y marcharse sin comprar nada se había vuelto socialmente imposible. El guía desapareció justo después de cobrar la comisión del vendedor. Nunca supimos si los primos eran reales o una metáfora.

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