Todas las máquinas de vending en Japón venden bebidas frías y calientes mezcladas. Elegí la lata roja porque el color me gustó. Llevaba tres horas con 36 grados.
Era mi primer día en Tokio, llegaba con el jet lag encima y necesitaba cafeína con urgencia. Japón tiene máquinas de vending en cada esquina, lo cual parecía la solución perfecta. Solo había que elegir.
Las máquinas mezclan bebidas frías y calientes sin ningún orden aparente. Hay una pequeña franja roja debajo de las latas calientes, pero cuando llevas once horas de vuelo y es tu primera máquina japonesa ese detalle pasa desapercibido. Elegí una lata roja porque el rojo me pareció energético. Eran las dos de la tarde de agosto y hacía treinta y seis grados.
La lata quemaba. El café dentro quemaba más. Me lo bebí igual porque había pagado ciento veinte yenes y en ese momento el orgullo pesaba más que el sentido común. Un señor mayor me miraba desde el banco de enfrente con una mezcla de compasión y entretenimiento. Al día siguiente aprendí a leer la franja roja.
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