San Fermines 2026
Fiesta popular

San Fermines 2026

Del 6 al 14 de julio de 2026 · 9 días · Pamplona

Los San Fermines tienen algo que no tienen casi ninguna otra fiesta: fechas fijas. Siempre del 6 al 14 de julio. Nueve días. Todos los años, sin excepción, sin depender de la luna ni de Pascua ni de ningún cálculo eclesiástico. Puedes marcarlo en el calendario ahora mismo y ya tienes el plan.

El escenario es Pamplona, capital de Navarra, una ciudad de doscientos mil habitantes que en nueve días acoge a más de un millón y que lleva tanto tiempo haciéndolo que ya lo tiene perfectamente integrado en su metabolismo. Lo que no tiene integrado —y no lo tendrá nunca— es la manera en que eso suena, huele y se siente cuando estás dentro.

El disparo de salida

El Chupinazo

El 6 de julio a mediodía, alguien sale al balcón del Ayuntamiento en la Plaza Consistorial, lanza un cohete al aire y todo empieza. No hay más protocolo que ese.

Lo que importa saber antes: el pañuelo rojo no va en el cuello antes del Chupinazo. Lo llevas en la mano, en el bolsillo, donde quieras, pero no en el cuello. En el instante exacto en que el cohete sube —y no antes— lo atas. Es una de esas normas no escritas que la plaza entera te enseña sin decirte nada, y respetarla es la diferencia entre participar y ser un turista con un pañuelo puesto en el momento equivocado.

La plaza ya lleva horas llena cuando llega el mediodía. La gente llega empapada y acaba más empapada todavía: llueve vino, champán y sangría desde todas las ventanas y balcones que dan a la plaza. Viste en consecuencia, o no lo hagas, pero no digas que no te avisaron.

El momento culminante

Pobre de mí

El 14 de julio a medianoche, la Plaza del Castillo se llena por última vez. Todos con el pañuelo en la mano, levantado. Alguien empieza y el resto se suma: "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín." Se canta tres veces. A la tercera, el pañuelo baja del cuello para no volver a ponerse hasta el año siguiente.

El contraste con el Chupinazo es total y está completamente calculado por nueve días de acumulación: la fiesta más ruidosa del mundo cierra con un lamento colectivo en voz baja a medianoche. Hay quien llora. Hay quien ha llorado en ese mismo sitio veinte años seguidos y sigue sin poder evitarlo. Si llegas a ese punto y no te pasa nada, quizá no estuviste del todo en San Fermines.

En qué consiste

El núcleo de San Fermines es el encierro: cada mañana del 7 al 14 de julio, a las ocho en punto, seis toros de lidia y seis cabestros recorren 875 metros desde la calle Santo Domingo hasta la Plaza de Toros. Dura entre dos y cuatro minutos de media. La calle más famosa es Estafeta, larga y recta; la curva más peligrosa es la de Mercaderes, donde los toros patinan y la gente se amontona. Los que corren lo saben. Los que no lo saben aprenden en los primeros metros.

Pero el encierro es solo la mañana. El resto del día lo estructuran las peñas: asociaciones festivas con nombre, local, banda de música propia y una sección reservada en la Plaza de Toros donde no se ve el toreo en silencio bajo ningún concepto. Las peñas son el motor social de San Fermines. Sin ellas, lo que quedaría sería un evento turístico. Con ellas, es una fiesta de verdad.

El uniforme es obligatorio por convicción colectiva: pantalón blanco, camisa blanca, faja roja, pañuelo rojo. Alpargatas blancas si quieres ser preciso. No hay nada que decidir cuando preparas la mochila. La ciudad te lo pide sin pedírtelo, y al tercer día ya no concebirías vestirte de otra manera.

Las corridas de toros se celebran cada tarde en la Plaza de Toros. Los nueve festejos de San Fermines están entre los más importantes de España. Si vas a Pamplona y no entras a la plaza, has visto el prólogo pero no el libro.

Antes de ir

01

El alojamiento se reserva con un año de antelación como mínimo. No es una exageración: la gente que está en la Plaza del Castillo el 14 de julio ya está pensando dónde va a dormir el año siguiente. Si llegas sin reserva, las opciones son acampar en alguno de los campings habilitados en los alrededores, dormir en la calle —que es lo que hace mucha gente y funciona mejor de lo que parece— o alojarte en Logroño, Zaragoza o cualquier ciudad cercana y entrar a Pamplona cada día.

02

Si vas a correr el encierro, corre sobrio. Y conoce el recorrido antes de estar en él: no la noche anterior, no mientras corres. Sabe qué pasa en la curva de Mercaderes, por qué no debes darte la vuelta si un toro se queda atrás, y dónde están las vallas de salida. El encierro no perdona la improvisación, y los servicios de urgencias del Hospital de Navarra lo saben mejor que nadie.

03

El pañuelo se pone con el Chupinazo y se quita con Pobre de mí. Si alguien te lo vende puesto antes del 6 de julio, está vendiendo algo que no tiene valor hasta el mediodía del 6. Cómpralo en Pamplona los días previos —los hay en cualquier tienda del casco viejo— y guárdalo hasta que el cohete suba.

04

Acepta si alguien te invita a su peña. Las peñas son lo que hace que San Fermines sea San Fermines y no un festival de turismo de aventura con encierro incorporado. El resto es contexto.

¿Sabías que…?

💡

Ernest Hemingway fue a San Fermines ocho veces. Su novela de 1926 "Fiesta" —publicada en inglés como "The Sun Also Rises"— es la responsable directa de que hoy esto sea un evento internacional. Hay una estatua suya cerca de la entrada a la Plaza de Toros, lo que es una manera bastante digna de ser reconocido por una ciudad.

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El encierro dura de media entre dos y cuatro minutos. El récord está alrededor de los dos minutos y medio. Los peores años, con caídas y amontonamientos, pueden llegar a diez. El recorrido es de 875 metros. Los toros corren a unos 24 km/h en la recta. Haz los cálculos antes de decidir si te apuntas.

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La oración antes del encierro —"A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, que nos guíe en el encierro dándonos su bendición"— se recita tres veces en la calle Santo Domingo, primero en castellano y luego en euskera. Los corredores levantan el periódico enrollado o simplemente la mano. Después suena el primer cohete y se abren los corrales.

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El uniforme blanco y rojo no tiene ninguna regla escrita. No hay ordenanza municipal ni protocolo oficial. Es simplemente lo que lleva todo el mundo desde hace décadas, y la presión social de un millón de personas vestidas igual es suficientemente convincente.

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