Feria de Abril de Sevilla 2026
Del 20 al 26 de abril de 2026 · 7 días · Sevilla
El Real de la Feria ocupa cada año el barrio de Los Remedios durante seis días que no se parecen a ningún otro de la ciudad. En 2026, el Alumbrao encendió el recinto en la madrugada del martes 21 de abril y las luces de la portada se apagaron en la madrugada del lunes 27. Entre medias, seis días completos de feria y la noche del lunes 20 de preámbulo.
El recinto, que crece desde cero cada año sobre los terrenos entre el río y la barriada, alberga más de mil casetas y recibe cerca de un millón de visitas a lo largo de la semana. No es un festival de acceso libre ni un evento de pago: es algo más difícil de explicar, que tiene que ver con cómo funciona Sevilla por dentro.
El disparo de salida
La Cena del Pescaíto y el Alumbrao
El lunes 20 de abril, antes de que empiece la Feria, existe un ritual que los sevillanos conocen bien y que no aparece en ningún programa oficial. La Cena del Pescaíto es una cena privada —en casas, peñas, asociaciones o directamente en la calle— donde se come exactamente lo que dice el nombre: pescado frito, manzanilla y el ruido que hace la ciudad cuando sabe que ya queda poco. No hay entradas, no hay organizador. Es el calentamiento colectivo de toda una ciudad.
A medianoche, en la madrugada del martes 21, el Real se ilumina. El Alumbrao es el encendido simultáneo de las miles de bombillas que decoran la portada de entrada y las calles del recinto. El sonido que se oye desde varios barrios a la redonda es el de treinta o cuarenta mil personas aplaudiendo a la vez. En ese instante, la Feria empieza.
El momento culminante
Se apaga la portada
En la madrugada del lunes 27 de abril, a las doce en punto, las luces de la portada se apagan. No de golpe ni de manera paulatina: de golpe, todas a la vez, sin aviso. La portada —que cambia de diseño cada año y que durante una semana ha sido el símbolo visible de la Feria desde kilómetros a la redonda— desaparece en la oscuridad en un instante.
La gente que está delante lo recibe de maneras distintas. Algunos aplauden. Algunos cantan. Muchos se quedan callados un momento más de lo habitual. El Apagao no es un espectáculo diseñado para la emoción —es simplemente el final administrativo de la Feria— pero tiene la rara virtud de los finales que no intentan serlo y por eso lo consiguen.
En qué consiste
La Feria de Abril es una ciudad dentro de la ciudad. El Real alberga más de mil casetas: carpas montadas en torno a una calle provisional, decoradas con papel de colores, farolillos y flores artificiales. La inmensa mayoría son privadas y funcionan exclusivamente por invitación: una familia, una peña, una asociación, un partido político o una empresa instalan la suya y reciben a sus invitados durante toda la semana. Muchas de esas casetas llevan décadas siendo el punto de encuentro anual de los mismos grupos de amigos, las mismas familias, las mismas cuadrillas que se organizan desde enero para que la semana funcione. Eso es lo que da a la Feria su textura particular: no es un festival abierto sino una ciudad de puertas a las que tienes o no tienes llave.
Si no conoces a nadie con caseta privada, la Feria sigue siendo visitable, pero hay que entender qué se pierde y qué no. El Ayuntamiento tiene su propia caseta, abierta a todo el mundo sin invitación, y hay otras de acceso público —partidos políticos, sindicatos, entidades— donde cualquiera puede entrar, beber y bailar. No es lo mismo. El ambiente íntimo de la caseta privada —las sevillanas a las tres de la tarde con gente que se conoce de toda la vida, la barra improvisada, la conversación que lleva cuarenta años teniendo lugar en el mismo sitio— no se replica en una caseta pública. Pero la Feria está en la calle también: el paseo de caballos, a partir del mediodía, llena el Real de jinetes en traje corto y mujeres en carruaje, y eso lo ve cualquiera desde la acera.
Antes de ir
Si quieres la Feria de los sevillanos, ve entre martes y jueves. El último fin de semana es otra historia: los visitantes de los pueblos del Aljarafe y la sierra llegan en masa, el tono cambia, y los sevillanos de siempre salen por patas. Sus destinos favoritos son las playas de Matalascañas y Mazagón, a menos de hora y media en coche. La feria del domingo por la tarde, con el recinto medio vacío, también tiene su encanto, pero es otra feria.
El rebujito —manzanilla con Seven Up en proporción variable según quien lo sirva— parece inocente. No lo es. Tiene el coeficiente de engaño de una bebida fría con burbujas que entra muy bien con treinta grados y ropa ajustada. Bébelo con calma o desayuna antes.
El traje de flamenca o traje corto no es obligatorio, pero en las casetas privadas es la norma no escrita. En las casetas de calle puedes ir como quieras. Si vas en vaqueros a una caseta privada, nadie te va a echar, pero sí vas a notar que eres el único.
Las casetas abren a mediodía. La hora de las cuatro de la tarde, con el sol todavía pegando y las sevillanas sonando desde diez lados a la vez, es lo más parecido que existe a estar en el sitio correcto en el momento exacto.
¿Sabías que…?
La Feria de Abril no nació como fiesta sino como feria de ganado. La propusieron en 1847 dos concejales del Ayuntamiento de Sevilla —uno vasco, uno catalán— como mercado para la compraventa de animales. Nadie imaginaba que doscientos años después seguiría siendo el centro del mundo once días al año.
La portada —el arco de entrada que cambia de diseño cada año— se construye en semanas y se desmonta inmediatamente después de que se apaguen las luces. El debate sobre si la portada nueva es peor que la del año anterior es una tradición tan sevillana como la propia Feria.
El rebujito no existía antes de los años ochenta. Hasta entonces, en las casetas se bebía manzanilla sola, lo que explica ciertas cosas sobre el ritmo al que funcionaba la Feria antes de que alguien tuviera la idea de mezclarla con un refresco.
La Feria siempre dura exactamente seis días. Ni cinco ni siete. El Ayuntamiento puede cambiar la fecha de inicio, pero el formato —martes de encendido, domingo de cierre— lleva vigente más de un siglo.